Un pincel maravilloso
- Laura Calle

- 11 nov 2020
- 3 min de lectura
"En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza"
Oscar Wilde
Ma Liang era un jovencito que soñaba con aprender a pintar. Como desde muy niño quedó huérfano, tenia que ganarse la vida vendiendo atados de leña y heno… tenía tantas necesidades que no había podido ahorrar para comprarse un pincel. Un día, al pasar cerca de una escuela, vio al maestro rodeado de alumnos aprendices pintando un cuadro para un terrateniente. Emocionado, Ma Liang, entró y les dijo: “Quiero aprender a pitar, ¿podrían prestarme un pincel?” el maestro lo miró con enojó, mientras una aprendiz se burló: “Un niño humilde con pretensiones de pintor? ¡Vaya locura!” Ma Liang que tenía un carácter firme, antes de irse les dijo: “¿Una persona pobre no puede ser pintor? ¡Ya lo veremos!”
Desde entonces cada minuto libre lo dedicaba a la pintura. Cuando iba a recoger leña a la montaña, con un palito dibujaba en la tierra los pajaritos que volaban sobre su cabeza. Cuando iba a cortar heno en las orillas del río, con una raíz humedecida dibujaba pacientemente sobre las piedras los peces que veía al fondo. A falta de pincel utilizaba carbones para los ejercicios que hacía en las paredes de su casa. Los años fueron pasando sin que Ma Liang interrumpiera sus prácticas de dibujo ni un solo día. Sus figuras eran tan perfectas que parecían tener vida. Un día, dibujo en una peña un lobo gris tan feroz que las vacas y las ovejas no se atrevían a acerarse al lugar. Cada vez que hacia un dibujo Ma Liang añoraba con frenesí, poseer un pincel.
Una noche agotada por una dura jornada de trabajo y estudio, se durmió profundamente. En sueños, vio a un anciano de barba blanca que le ofrecía un pincel, mientras le decía: “has sido perseverante. Toma este pincel y dale, en tu vida, buen uso”. Ma Liang lo recibió; era de oro macizo, brillante y pesado. “Gracias, abuelo, muchas gracias…!” atinó a decir. La emoción del sueño lo despertó. Había sido un sueño, pero se sentía desconcertado porque tenía un pincel en su mano. Estrenó el pincel pintando un colibrí. El ave sacudió sus alas y, gorjeando, alzó vuelo. Fue así como descubrió que era dueño de un pincel mágico. Su corazón desbordaba de gozo.
Con su pincel nuevo, Ma Liang pintaba para todos los aldeanos. Al que no tenía arado, le pintaba un arado. Al que no tenía azadón, le pintaba uno. Pero, como siempre, la historia del joven se supo. Al poco tiempo un joven rico de una aldea vecina mandó a dos lacayos para que lo detuvieran, y una vez en su casa le ordenó pintar para él. Como Ma Liang se negó, lo mandó encerrar en una celda. Venciendo el miedo, el chico esperó la noche y dibujó una estufa y unas galletas. Al abrigo de la estufa, él y sus compañeros de prisión comieron las galletas. Una vez saciado el apetito, Ma Liang dibujó una escalera contra el muro del patio para saltar al otro lado y escapar. Ya libre, dibujó un magnifico corcel y una antorcha, y partió veloz como el relámpago. Ma Liang cabalgó durante algunos días y noches. Se detuvo en un pueblo en donde vivió dedicado a pintar búfalos, pozos, norias que los campesinos utilizaron para cosechar sus tierras…
Adaptación de un fragmento del relato tradicional chino El pincel mágico, de Han Xing. Ed. El delfín
Y tú, ¿Qué piensas?
¿Qué cualidades le permiten a Ma Liang perfeccionar su arte? ¿Crees que él comprendió la advertencia del anciano al regalarle el pincel mágico? ¿Por qué? ¿Qué sería lo primero que pintarías si tuvieras un pincel mágico como el de Ma Liang?





Comentarios