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Errores comunes al leer con niños

  • Foto del escritor: Laura Calle
    Laura Calle
  • 26 oct 2020
  • 4 Min. de lectura

“Los cuentos de hadas son exploraciones espirituales y por lo tanto, lo más parecido a

la vida real puesto que revelan la vida humana vista o sentida desde el interior”

Lewis Carroll





Durante el tiempo que estuve trabajando como promotora de lectura pude percatarme de varios errores que cometemos los adultos cuando pretendemos promover la lectura en los niños y niñas; primero, el hábito de la lectura no se forma a través de la obligatoriedad, pierde su encanto y termina por generar angustia lo que se suponía era una actividad sanadora. Segundo, juzgar los cuentos de hadas como meras fantasías que en nada se corresponden con la realidad, impidiendo que el niño se acerque a estas historias para evitar que “crea en mentiras”. Y tercero, imponer una moraleja o proporcionar una explicación desde nuestro punto de vista sobre el sentido que guarda el cuento, impidiendo que el pequeño elabore sus propias reflexiones. Para desligarnos de estas falsas creencias me propongo a examinar cada una de ellas y exponerles alternativas para evitar cometer esta serie de errores.


“Un cuento de hadas es, ante todo, una obra de arte dirigida a niños que deleita e instruye al mismo tiempo. Como en todas las grandes artes, cada significado profundo será distinto para cada persona e incluso para la misma en diferentes momentos de su vida.” (von Franz, 1993)

Para comenzar con el primer error que comúnmente cometemos, quiero hacer alusión a un conocido refrán que dice “el mejor maestro es el ejemplo”, frase totalmente pertinente para pensarnos las lógicas en las cuales muchos adultos nos inscribimos cuando pretendemos educar a los más pequeños; pensamos que la edad es un criterio de autoridad irrefutable, por lo que el niño tiene que obedecer todo lo que ordenamos sin rechistar (renegar), aun cuando muchas de las reglas que se le imponen a los menores son completamente arbitrarias, tanto así que, incluso su mente infantil puede captar la incongruencia valiéndose de esta para hacernos una observación bastante perspicaz: “por qué yo lo tengo que hacer si tú ni siquiera lo haces”, el niño lo ha entendido todo y ahora se encuentra a la espera de un argumento que sea lo suficientemente válido para comprender la importancia que tiene para su vida aquello que se le está exigiendo, y si ante esto sólo acertamos decir “porque soy tu padre” “porque yo soy el adulto aquí” no esperemos que el niño nos tome completamente en serio; no hay que subestimar a los niños convirtiéndonos en tiranos, para su mente infantil es totalmente necesario hallar sentido a lo que otros e incluso ellos mismos hacen. Muchos padres terminan llegando al consultorio psicológico expresando que su hijo/a es un rebelde sin causa, que no hay forma de hacerlo entrar en razón, cuando lo que realmente falta es fortalecer nuestro argumento con amor y con ejemplo. Si tú quieres que un niño lea, muéstrale por qué para ti es importante hacerlo, extiéndele una invitación y motívalo a encontrar una historia que al pequeño le llame la atención.


Segundo error. Los cuentos de hadas más que ser simples fantasías son historias que, al exagerar algunos aspectos de la realidad nos permiten verla con mayor claridad, por ejemplo, si ponemos una lupa sobre una hormiga no la estamos observando en su correcto tamaño, sus proporciones se presentan algo exageradas en comparación a la realidad, sin embargo, sabemos que se trata de un acercamiento que nos permitirá estudiarla mejor; pues bien, algo similar le sucede con el niño cuando lee un cuento, su estructura le indica al pequeño que aquel relato sucedió en un lugar “muy lejano” en una época “muy remota”, en un tiempo pasado (“hace mucho tiempo existió”) donde vivían otro tipo de seres; lo que da la certeza de que esa historia sólo se desarrolla en la imaginación, siendo esta la vía por la cual el relato logra ingresar hasta lo más profundo del niño, haciendo aflorar sus deseos, miedos, esperanzas, creencias, pensamientos y sentimientos más íntimos. El cuento posee un lenguaje particular que se cifra en su sencillez y creatividad, siendo esto lo que capta la atención de los niños y facilita su comprensión a tal punto que su efecto sobre la mente infantil es casi que inmediato; por eso, recomiendo a todas las mamás y papás que no tengan miedo de leerle cuentos a sus hijos por pensar que les están diciendo mentiras, porque no es así, muy al contrario, les estarán hablando a sus hijos de forma que ellos les puedan comprender.



Tercer error. Como les señalaba en mi primer artículo “la hora del cuento”, un mismo relato guarda un significado diferente para cada existencia, por lo tanto, el mensaje sólo puede adquirir sentido en cuanto el niño o niña que lo lee sea capaz de interpretarlo de acuerdo a su experiencia y, tendrá un mayor impacto en su vida si lo que el texto comunica guarda relación con sus preguntas, pensamientos, deseos y sentimientos más profundos. En consecuencia, restamos importancia y valor al significado que el pequeño ha extraído del cuento cuando imponemos nuestra versión de la historia, cuando asumimos que el texto sólo apunta hacia un único sentido y que de no hacerlo explícito el niño no podrá captarlo. Muchas veces me he sorprendido de las interpretaciones que los pequeños me han hecho de los cuentos que les he leído, lo primero que pasa por mi cabeza es “¡vaya! no se me había ocurrido pensarlo así, tiene mucho sentido”.


Para finalizar, diré que la fórmula perfecta para no cometer esta serie de errores será la de sumar el buen ejemplo hacia la lectura, con la motivación para explorar los cuentos de hadas y escuchar el mensaje que cada historia guarda para nosotros y para el niño.

 
 
 

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